Supongo que la mayoría conocéis la historia de Romeo y Julieta.

Ya sabéis, Chica conoce Chico. Chico conoce Chica. Familias de Chico y Chica se odian profundamente. Chica y Chico esconden su amor por miedo al odio de sus familias. Chico se enreda en una pelea con primo de Chica. Chico mata al primo. Chico tiene que esconderse. Chica se toma un brebaje para parecer muerta durante 24 horas. Chico se encuentra a Chica muerta y se suicida. Chica se despierta y encuentra a Chico muerto. Chica se suicida. FIN.

Así es como Shakespeare decidió contarnos las consecuencias de darle más importancia al odio que al amor.

Carnalizó las pasiones más profundas del ser humano para enseñarnos que en la vida hay dos caminos, el del Odio o el del Amor.

Pero vayamos más allá. No nos quedemos en la conmovedora historia entre dos personas. Demos un paso más hacia nuestro interior. Ese que nos corresponde única y exclusivamente a nosotr@s mism@s.

¿Desde dónde tomo las riendas de mi vida? y por tanto, ¿Qué calidad de vida es la que elijo tener?

Cada situación que experimento en mi día a día supone una elección de mis propios actos. Y aquí está el debate, ¿quiero apostar por el amor propio? ¿O prefiero vivir en el dolor, en el miedo o en el odio, en definitiva, en la ausencia de amor?

Si no le doy espacio al amor conmigo mism@, es decir, a mi dulzura, mi cuidado, mi ilusión, mi respeto y mi compañía; tendré como resultado un suicidio emocional como los jóvenes Montesco y Capuleto.

Una parte mía, tan bonita como el enamoramiento, se perderá en el olvido añadiendo un hondo penar a mi cuerpo emocional.

Dejar de escuchar esas voces, internas y externas, que nos limitan, nos anclan y nos alejan de nuestros sueños y de nuestra fortaleza está en nuestra mano.

Aunque a veces para llegar a ellos hay que cambiar el caparazón que nos protege falsamente; y eso no es fácil ni placentero.

Si no que se lo pregunten a las langostas en la muda de su caparazón, el cual no crece mientras que su cuerpo sí. Es un proceso realmente doloroso y estresante.

Imaginaos: ¡¡Que tu cuerpo sea más grande que tu piel, que es tan dura como el hueso!!. Es como llevar unos zapatos del 35 teniendo un 41.

Este animal esta dispuesto a darlo todo, hasta su vida para poder crecer, para evolucionar.

A veces, para poder llegar a un amor propio sano hay que ser una langosta y darlo todo para evolucionar.

Sin embargo, Romeo y Julieta dejaron que el odio apagara la vida del amor.