Comparto aquí un artículo que escribí hace dos años.

Es mi pequeño homenaje a una experiencia laboral muy dura pero que me dejó muchas enseñanzas.

DAR VOZ A LOS QUE NO SE LES QUIERE OIR

La Sociedad del Bienestar la llaman. Y digo yo, ¿Del bienestar de quién? O, ¿Qué precio pagamos por el bienestar?

La triste noticia publicada en el Ideal el pasado día 13 de enero que relataba la muerte de un hombre sin techo en la ciudad de Granada, me ha hecho reflexionar acerca de estas preguntas.

Vivimos en una sociedad deshumanizada que decide poner una etiqueta a ciertas circunstancias de vida y relacionarse desde ahí con las personas que las transitan.

El «Sin Hogarismo». ¿Alguna vez hemos pensado en cómo se ve la vida desde los ojos de una persona sin techo? ¿Queremos pensar en esto? Sinceramente, no. 

Asumir que aceptamos vivir en una sociedad que utiliza la vida humana en circunstancias precarias como herramienta de control social para que no nos salgamos del rebaño, es prácticamente imposible para nuestras mentes llenas de falsa moralidad. 

«Si te atreves a hacer las cosas de forma distinta a lo establecido, mira cómo puedes acabar» este es el mensaje entrelíneas que nos manda el Sistema. Pero la cosa no se queda ahí, va más allá: «Y si acabas así te vamos a tratar como a una verdadera mierda y no vas a tener ni dónde caerte muerto»  

Lamentable y literalmente, así ha sido el caso de «Tete» (esta vez se llama así pero hay muchos «Tetes»), un hombre enfermo que cada noche se enfrentaba a las bajas temperaturas de una ciudad tan fría como los corazones de sus habitantes (sí, esos que cada mes sacan a procesionar a su Dios)

Una ciudad que se manifiesta para que en su barrio no abran un centro de atención a personas sin techo, porque «los sintecho son peligrosos». 

Perdónenme la osadía, pero más peligrosos son aquellos que deciden mirar para otro lado, tratar a personas como si fueran una papelera más de la ciudad, llegar a casa y sonreír porque han podido comprarse el nuevo televisor de X pulgadas. Y a dormir tan contentos, claro que sí. 

«Si vives  en la calle es por algo, vago, delincuente, drogadicto, algo habrás hecho para estar ahí y además querrás que sin trabajar te paguemos todos la comida» Bravo por todos aquellos que se refugian en este discurso. No hay mejor forma de solucionar los conflictos que atacando aquello a lo que tenemos miedo. 

Creo que tenemos una responsabilidad social, al menos yo la tengo, y no hablo de dar las mantas que te sobran, o llevar paquetes de garbanzos al colegio de tus hijos. Eso es paternalismo.

La responsabilidad social de la que hablo, es aquella que busca volver a conectar con nuestra humanidad, la de verdad, sin etiquetas morales de panfleto electoral. 

La que presiona al sistema para que dignifique las vidas de las personas, independientemente de  sus circunstancias. 

La que pide que haya una gestión pública  económica que pueda dar cobertura a las necesidades de las personas que, por lo que sea, cuenta con unas condiciones de vida diferentes a las de la mayoría. 

La que no permite que en un hospital público no atiendan a una persona que se está muriendo y no tiene un techo que lo aísle del frío, techo que permita que su cuerpo pueda luchar contra esa enfermedad y no contra las temperaturas tan extremas. Tete podría haber estabilizado su salud si hubiera tenido otra respuesta la primera vez que fue al hospital. 

O no, eso ya no lo sabremos.

Descansen En Paz todos los Tetes.

Gracias Juan Mata por hacerme llegar esta noticia desde mi tierra y, así, dar voz a aquellos a los que no se les quiere escuchar.