«Llega un día en el que lo comprendes.

Para llegar ahí has pasado por mucho, por demasiado, pero has llegado.

Más de 20 años escuchando opiniones sobre su forma, cómo lo cuidas o cómo lo alimentas.

Ves por todas partes ejemplos de cómo debería ser. Ejemplos que no se ajustan al tuyo o a tu percepción sobre él. Ejemplos que se repiten uno detrás de otro y no tienen en cuenta las diferencias.

Sin darte cuenta esas opiniones aparecen también en tu discurso interno y comienzas a rechazarlo, a pensar que no te gusta, a pensar que te gustaría que fuera de otra manera, como el de otr@s.

Tu pensamiento acerca de él se convierte en un verdadero infierno y pierdes el control. Comienzas a hacer cosas que no le hacen bien o lo sobre-esfuerzas, lo llevas al límite.

Y te duele, más que nada, te duele.

Entonces, cuando crees que no puedes más, pides ayuda. Una ayuda que te cuesta demasiado aceptarla, pero la aceptas. Y cómo cuesta… Lloras, te enfadas, te frustras, te esfuerzas y vuelves a llorar.

Al fin, llega un día, ese día, dónde comienzas a entender. A entender que lo que piensas de él está más relacionado con tu estado de ánimo que con él.

Aprendes la importancia de cuidar las diferentes esferas de tu vida para que no vuelva ese rechazo.

Y dejas de ponerlo al límite, de hacer cosas que no le hacen bien.

Empiezas a aceptar cómo es, con sus curvas y sus medidas, incluso, muy despacio, poquito a poco, lo empiezas a querer.»

Sólo tenemos un cuerpo.

Respeta el tuyo y respeta el de los demás.

Cuida tus comentarios acerca del tuyo o del otro.

No sabemos los infiernos por los que pasan las personas.

No demos por hecho que no los cuidan cuando no entran dentro de los cánones establecidos por la «normotalla».

No demos por hecho que no están sanos, que no son atléticos o que no hacen lo suficiente.

Y esto, en primer lugar, me lo digo a mí.

Porque he pasado demasiado tiempo creyéndome un discurso de rechazo. Dándole mucha importancia a ciertas opiniones de los demás y pensando que no me esforzaba lo suficiente.

Y también, te lo digo a tí, como familiar, pareja, amig@, compañer@, médic@, profesor/a, vecin@, entrenad@r, deportista, jefe/a, persona que no me conoces pero me ves.

Cuidemos de los cuerpos que habitamos, por respeto, por amor.

¿Cómo le hablas a tu cuerpo? ¿Cómo lo cuidas?

¡Te leo en comentarios!