A principios de agosto se publicaron una serie de noticias sobre mujeres y sus cuerpos y pensé en poner atención, durante ese mes, a las posibles noticias o publicaciones que se hicieran sobre este tema para redactar un artículo de cara a la incorporación tras las vacaciones y poder centrarme en la influencia social sobre los aspectos que influyen en la formación y valoración de la mujer en esta sociedad.

Ilusa de mí, no sabía lo que nos esperaba durante uno de los meses más calurosos de nuestras vidas. En tan solo cinco días recopilé, sin esforzarme mucho, cinco noticias que hablaban de estilos de cuerpos, hábitos alimenticios y rutinas de ejercicio que reforzaban, aún más si cabe, el modelo patriarcal de la belleza y de la importancia de esta en la idiosincrasia de lo femenino.

Ya en esas fechas andaba indignada, agotada y cabreada. ¿Por qué seguimos modificando nuestro estilo de vida y supeditando nuestro bienestar emocional en base a unos criterios arcaicos y que no tienen en cuenta a la mayoría de las personas con las que convivimos?

Enredada en esas reflexiones comenzaron a dispararse las balas del patriarcado sin control ninguno, que expongo a continuación:

Ocho casos de asesinato por violencia de género en una semana. Comentarios irrespetuosos hacia una mujer por parte de un cómico no tan cómico. Falseamiento de imágenes a través de la inteligencia artificial del cuerpo de una mujer mostrándola desnuda sin su consentimiento. Revuelo mediático cargado de críticas ante la decisión de una cantante de mostrar su pecho en pleno concierto como acción consciente y reivindicativa, mientras que llevamos años observando este gesto en sus compañeros hombres sin ningún tipo de comentarios al respecto. Celebración del triunfo de un equipo femenino en un campeonato mundial manchado por la actuación de un claro ejemplo de masculinidad tóxica. Redacción de comunicados falsos en nombre de una mujer. Manipulación y tergiversación en un intento de justificación de la figura masculina para colocar a la mujer como responsable directa de los hechos realizados por un hombre. Declaraciones arcaicas e irrespetuosas comparando a hombres y mujeres deportistas por parte de entrenadores de fútbol, políticos y todo aquel cromañón de tres al cuarto que apareciera en escena.

Todo esto en 25 días señoras, 25 días de un zarpazo monumental del patriarcado. Larga lista, ¿No creen?

Y esto es así porque el patriarcado no quiere morir a no ser que sea matando. Porque el patriarcado no dimite. Porque el patriarcado para defenderse ataca como si fuera un huracán con cuchillas afiladas. Porque el patriarcado tiene tanto miedo de perder sus beneficios que chantajea, manipula, miente, impone, ignora, falsea y amenaza.

Por eso, a finales de agosto de 2023, las mujeres y algunos hombres nos levantamos una vez más. Porque estamos cansadas de recibir continuas faltas de respeto desde hace demasiadas generaciones. No queremos más referentes públicos de gran alcance que se muestran machistas, racistas, que apoyen la desigualdad económica y el rechazo a las diferentes orientaciones sexuales.

Mientras no nos cuidemos, no integremos, no respetemos y no toleremos, no tendremos una sociedad justa y equitativa. Y, créanme, la vamos a necesitar en un mundo que está cada vez más calentito. La naturaleza no perdona y de eso no os va a salvar vuestra virilidad ni vuestros privilegios. Sólo estando unidas podremos superar las dificultades.

Una sociedad sana es la que busca el bienestar de todas las personas que la integren y no solo de aquellas que ostentan el poder por obra y gracia de Dios.

Pero tranquilas, no todo es tan oscuro en este verano, si el cuestionamiento al patriarcado ha llegado a una esfera tan podrida como el fútbol (el caldo de cultivo de la masculinidad tóxica por excelencia) es que algo estamos haciendo bien. Las avispas atacan cuando se les mueve su avispero.